Muchas creemos que merecemos todos los cumplidos porque trabajamos todo el día, siempre bien vestidas y con una gran sonrisa adornándonos la cara. Somos una generación exitosa que evidentemente hemos superado el nivel laboral de nuestras madres. Ese éxito social y económico de la gente negra, especialmente el de nosotras las mujeres, es muy importante visto de forma general, pero si vamos al grano detectamos en esas mujeres sobresalientes, que no solamente hay muchos sacrificios, sino que está presente una arrogancia y soberbia que amenazan con derribar todo ese avance. Si no crecemos humanamente, no habremos superado a nuestras infatigables madres que nos dieron el ejemplo que estamos siguiendo. Celebramos lo nuestro y las hojas de vida que presentamos son de varias páginas, pero no tenemos en cuenta que otras personas requieren precisamente el reconocimiento de una mujer negra y exitosa. Nos olvidamos de aplaudir lo de los demás y no es envidia, pero sí es señal que nos estamos aislando en nuestras carreras. Si hemos recibido aplausos estamos también obligadas a aplaudir a las demás. Recibimos y tenemos que estar pendientes de que el aplauso fluya que esas palabras de reconocimiento toguen a más personas. Aplaudir, alabar, reconocer son señales de una personalidad noble, una que logra asomarse más allá que de sus narices. Reconocer es ver al otro y atribuirle importancia. Eso exige dejar de verme solo a mis logros y posar mi mirada y mi corazón a mi alrededor. Una persona que reconozca a los otros lo exprese con las palabras y gestos adecuados es una persona rica, una que tiene valores y los sabe llegar a su entorno.
Para muchas personas el aplauso sano es una especie de combustible de vital importancia y nosotras abundamos de esa fuerza, pero no alcanzamos a entender que es urgente que la repartamos.
Todo el mundo requiere de una mirada, de una frase, de una señal de que su importancia en este mundo es de nuestro agrado. Los niños, los jóvenes, el taxista, el compañero de trabajo, el hermano florece con un gesto insignificante que hace la diferencia entre un buen o mal día.
Reconocer y aplaudir libera una energía que nos hace dignas y nos bendice, porque solo da el que tiene.
Clara Inés García Vivas